MODIFICADO
En mi opinión, cada comunidad anarquista decidirá qué hacer y cómo hacerlo. Para la mía, yo propondría una ley y unos principios como los siguientes:
La violación no se persigue porque sea pecado o porque el cuerpo sea algo sagrado... Se persigue porque es un tipo de secuestro (un secuestro exprés, digamos). Y porque (normalmente) va acompañado de golpes o amenazas. Como tal, debe llevar la misma pena que el secuestro y la agresión física injustificada.
Ahora, ¿qué castigo debe darse al secuestrador? La primera vez: pena de muerte, a menos que obtenga el perdón de la víctima. La segunda vez: pena de muerte, con o sin perdón. Por supuesto, todo después de un juicio justo e imparcial.
Las leyes deben ser muy duras en la anarquía. Sin leyes, o sin leyes duras, la anarquía se nos convertirá en caos o en ley de la selva. Y después de eso vendrá una dictadura. Si queremos una anarquía que sobreviva, tiene que ser así, con leyes duras.
Si el secuestrador no es eliminado, ¿cuáles son las opciones? Una es intentar re-educarlo. Pero ¿quién lo hará? ¿Quién pagará los costos? Si alguien se compromete, puede hacerse. Pero sólo una vez: si reincide, significa que la re-educación fracasó. Y no hay porqué intentarlo una vez más. Mejor eliminar al secuestrador de una vez por todas y no seguir corriendo más riesgos. Otra opción es encarcelarlo. Pero, de nuevo, ¿quién pagará los costos? Y además... ya conocemos lo que producen las cárceles: criminales aún peores. Otra opción: desterrarlo. Pero ¿no es eso pasarle el problema a otros? Y además ¿quién vigilará que no regrese? ¿quién pagará los costos de esa vigilancia? Por todo ello, creo que la mejor opción es la pena de muerte.
Un tema conexo es la pedofilia. Muchas víctimas de violaciones son menores. Y a veces el pederasta no utiliza violencia física, sino violencia más sutil: engaños, promesas, etcétera. Puede haber, incluso, una especie de violación afectuosa, hasta con amor (a la Michael Jackson, digamos). O puede haber pederastas que efectivamente aman a un niño o niña, y logran convencerlo con puro afecto, sin violencia ni engaños, e incluso el niño o niña se siente bien. En tal caso, en mi opinión no hay crimen ("No hay crimen sin víctima", es otro de mis principios). Pero también eso se presta para que otros pederastas menos amorosos evadan el castigo. En tales condiciones, yo propondría para mi comunidad lo siguiente:
Primero, fijar una edad muy baja para las relaciones sexuales: 15 años, digamos. Es ilegal tener relaciones sexuales con alguien menor de 15.
Segundo, no obstante lo anterior, un juez podrá conceder una licencia especial a un menor que tenga una edad entre 12 y 14, siempre y cuando: i) el menor tenga autorización de sus padres o tutores; ii) a criterio del juez, el menor siente afecto por el pederasta, desea tener relaciones sexuales con él y es físicamente capaz; el menor es suficientemente maduro y es consciente de lo que hace y de las posibles consecuencias de lo que hace; y hay condiciones estrictas de seguridad y sanidad para el menor.
Tercero, absolutamente prohibidas no sólo las relaciones sexuales, sino también los tocamientos sexuales con menores de 15 sin licencia especial, o con menores de 12.
Cuarto, pena de muerte para el pederasta transgresor.
¿Lo anterior equivale a legalizar la prostitución? Sí. Pero es que la prostitución deberá ser totalmente legal en la anarquía.
lunes, septiembre 28, 2009
martes, agosto 18, 2009
Cómo era Buenaventura Durruti ---Jorge
Tenía compañera e hija. Por lo que decían de él, fue un gran orador, de
los que sabía llegar a la gente. Sostuvo escuelas racionalistas, aficionado al teatro, a las excursiones y a la gimnasia. Obrero autodidacta, se hizo con una culturilla a lo largo de su azarosa vida. Hombre de ideas claras, en su última entrevista concedida al Toronto Star, declaraba:
— Periodista: ¡Pero con esa actitud en esta guerra convertirán el país
en un montón de ruinas!
— Durruti: Que la burguesía haga volar su mundo antes de abandonar la
escena de la historia no nos importa. Somos obreros, siempre hemos
vivido en chabolas, y somos los que hemos construido los palacios. Si los
destruyen, los volveremos a hacer, y mejores. No tememos las ruinas,
porque vamos a heredar la Tierra.
Fue durante el corto verano de la anarquía.
AUTOR: Jorge /A las B
los que sabía llegar a la gente. Sostuvo escuelas racionalistas, aficionado al teatro, a las excursiones y a la gimnasia. Obrero autodidacta, se hizo con una culturilla a lo largo de su azarosa vida. Hombre de ideas claras, en su última entrevista concedida al Toronto Star, declaraba:
— Periodista: ¡Pero con esa actitud en esta guerra convertirán el país
en un montón de ruinas!
— Durruti: Que la burguesía haga volar su mundo antes de abandonar la
escena de la historia no nos importa. Somos obreros, siempre hemos
vivido en chabolas, y somos los que hemos construido los palacios. Si los
destruyen, los volveremos a hacer, y mejores. No tememos las ruinas,
porque vamos a heredar la Tierra.
Fue durante el corto verano de la anarquía.
AUTOR: Jorge /A las B
sábado, junio 20, 2009
La historia de los judíos (Epílogo) ---Paul Johnson
Tomado de Paul Johnson, La historia de los judíos (Vergara, Barcelona, 2005), pp. 695-697
EPÍLOGO
En su obra Antigüedades judaicas Josefo describe a Abraham como "un hombre muy sagaz" que tenía "unas ideas sobre la virtud superiores a las de otros de sus contemporáneos".Por consiguiente, "decidió modificar completamente las opiniones que todos ellos tenían acerca de Dios". Un modo de resumir cuatro mil años de historia judía consiste en preguntarnos cuál habría sido la suerte de la raza humana si Abraham no hubiese sido un hombre muy sagaz, o si hubiese permanecido en Ur y reservado para sí sus ideas superiores, y no hubiese existido un pueblo específicamente judío. Ciertamente, sin los judíos el mundo habría sido un lugar radicalmente distinto. La humanidad tarde o temprano hubiera llegado a descubrir todas las ideas judías, pero no podemos tener la certeza de que hubiera sido así. Todos los grandes descubrimientos conceptuales del intelecto parecen obvios e inevitables una vez revelados, pero se necesita un genio especial para formularlos por primera vez. Los judíos tienen ese don. Les debemos la idea de la igualdad ante la ley, tanto divina como humana; de la santidad de la vida y la persona humana; de la conciencia individual y, por lo tanto, de la redención personal; de la conciencia colectiva y, por lo tanto, de la responsabilidad social; de la paz como ideal abstracto y del amor como fundamento de la justicia, así como muchos otros aspectos que constituyen la dotación moral básica de la mente humana. Sin los judíos, ésta habría podido ser un lugar mucho más vacío.
Sobre todo, los judíos nos enseñaron el modo de racionalizar lo desconocido. El resultado fue el monoteísmo y las tres grandes religiones que lo profesan. Casi sobrepasa nuestra capacidad imaginar cuál habría sido el destino del mundo si ellos nunca hubiesen existido. Tampoco puede decirse que la penetración intelectual en lo desconocido se detiene en la idea de un Dios. En efecto, el propio monoteísmo puede interpretarse como un hito en el camino que conduce a la gente a prescindir por completo de Dios. Los judíos, primero, racionalizaron el panteón de ídolos y los convirtieron en un Ser Supremo; después, iniciaron el proceso de suprimir a Dios racionalizándolo. En la perspectiva final de la historia, Abraham y Moisés pueden llegar a parecer menos importantes que Spinoza, pues el influjo de los judíos sobre la humanidad ha sido proteico. En la Antigüedad fueron los grandes innovadores de la religión y la moral. En la Alta Edad Media europea eran todavía un pueblo avanzado que transmitía el conocimiento y la tecnología. Gradualmente fueron apartados de la vanguardia y se rezagaron, hasta que a fines del siglo XVIII se los vio como una retaguardia harapienta y oscurantista en la marcha de la humanidad civilizada. Pero entonces sobrevino una asombrosa y segunda explosión de capacidad creadora. Salieron de sus guetos, y de nuevo transformaron el pensamiento humano, esta vez en la esfera secular. Gran parte de la dotación mental del mundo moderno pertenece también a los judíos.
Los judíos no sólo fueron innovadores. También fueron ejemplos y paradigmas de la condición humana. Parecía que presentaban con claridad y sin ambages todos los dilemas inexorables del hombre. Fueron los "forasteros y viajeros" por antonomasia. Pero ¿no compartimos todos esa condición en este planeta, donde a cada uno se nos concede apenas una estancia de setenta años? Los judíos han sido el emblema de la humanidad desarraigada y vulnerable. Pero ¿acaso la tierra entera es algo más que un lugar de tránsito provisional? Los judíos han sido fieros idealistas que buscaron la perfección, y al mismo tiempo hombres y mujeres frágiles que ansiaban la abundancia y la seguridad. Querían obedecer la ley imposible de Dios, y también buscaban conservar la vida. Ahí está el dilema de las comunidades judías de la Antigüedad, que trataban de combinar la excelencia moral de una teocracia con las exigencias prácticas de un estado capaz de defenderse. El dilema se ha repetido en nuestro propio tiempo en la forma de Israel, fundado para realizar un ideal humanitario, y que ha descubierto en la práctica que necesita mostrarse implacable si quiere sobrevivir en el mundo hostil. Pero ¿acaso éste no es un problema recurrente que afecta a todas las sociedades humanas? Todos queremos construir Jerusalén. Parece que el papel de los judíos es concentrar y dramatizar estas experiencias comunes de la humanidad, y convertir su destino particular en una moral universal. Pero si los judíos asumen este papel, ¿quién se los asignó?
Los historiadores deben evitar la búsqueda de esquemas providenciales en los hechos. Es demasiado fácil encontrarlos, pues somos creaturas crédulas, nacidas para creer y dotadas de una imaginación poderosa que fácilmente reúne y organiza los datos para adaptarlos a un plan trascendente cualquiera. Sin embargo, el escepticismo excesivo puede originar una deformación tan grave como la credulidad. El historiador debe tener en cuenta todas las formas de la prueba, incluso las que son o parecen ser metafísicas. Si los primitivos judíos fueran capaces de analizar, con nosotros, la historia de su progenie, no hallarían en ella nada sorprendente. Siempre supieron que la sociedad judía estaba destinada a ser el proyecto piloto de toda la raza humana. A ellos les parecía muy natural que los dilemas, los dramas y las catástrofes judíos fueran ejemplares, de proporciones exageradas. En el curso de los milenios, que los judíos provocasen un odio sin igual, incluso inexplicable, era lamentable pero de esperar. Sobre todo, que los judíos sobreviviesen, cuando todos los restantes pueblos antiguos se habían transformado o desaparecido en los entresijos de la historia, era completamente previsible. ¿Cómo podía ser de otro modo? La providencia lo decretaba, y los judíos obedecían. El historiador puede decir: no hay nada a lo que pueda denominarse providencia. Quizá no. Pero la confianza humana en esa dinámica histórica, si es intensa y lo bastante tenaz, constituye en sí misma una fuerza que presiona sobre el curso de los hechos y los impulsa. Los judíos han creído que eran un pueblo especial, y lo han creído con tanta unanimidad y tal pasión, y durante un periodo tan prolongado, que han llegado a ser precisamente eso. En efecto, han tenido un papel porque lo crearon para ellos mismos. Quizá ahí está la clave de su historia.
EPÍLOGO
En su obra Antigüedades judaicas Josefo describe a Abraham como "un hombre muy sagaz" que tenía "unas ideas sobre la virtud superiores a las de otros de sus contemporáneos".Por consiguiente, "decidió modificar completamente las opiniones que todos ellos tenían acerca de Dios". Un modo de resumir cuatro mil años de historia judía consiste en preguntarnos cuál habría sido la suerte de la raza humana si Abraham no hubiese sido un hombre muy sagaz, o si hubiese permanecido en Ur y reservado para sí sus ideas superiores, y no hubiese existido un pueblo específicamente judío. Ciertamente, sin los judíos el mundo habría sido un lugar radicalmente distinto. La humanidad tarde o temprano hubiera llegado a descubrir todas las ideas judías, pero no podemos tener la certeza de que hubiera sido así. Todos los grandes descubrimientos conceptuales del intelecto parecen obvios e inevitables una vez revelados, pero se necesita un genio especial para formularlos por primera vez. Los judíos tienen ese don. Les debemos la idea de la igualdad ante la ley, tanto divina como humana; de la santidad de la vida y la persona humana; de la conciencia individual y, por lo tanto, de la redención personal; de la conciencia colectiva y, por lo tanto, de la responsabilidad social; de la paz como ideal abstracto y del amor como fundamento de la justicia, así como muchos otros aspectos que constituyen la dotación moral básica de la mente humana. Sin los judíos, ésta habría podido ser un lugar mucho más vacío.
Sobre todo, los judíos nos enseñaron el modo de racionalizar lo desconocido. El resultado fue el monoteísmo y las tres grandes religiones que lo profesan. Casi sobrepasa nuestra capacidad imaginar cuál habría sido el destino del mundo si ellos nunca hubiesen existido. Tampoco puede decirse que la penetración intelectual en lo desconocido se detiene en la idea de un Dios. En efecto, el propio monoteísmo puede interpretarse como un hito en el camino que conduce a la gente a prescindir por completo de Dios. Los judíos, primero, racionalizaron el panteón de ídolos y los convirtieron en un Ser Supremo; después, iniciaron el proceso de suprimir a Dios racionalizándolo. En la perspectiva final de la historia, Abraham y Moisés pueden llegar a parecer menos importantes que Spinoza, pues el influjo de los judíos sobre la humanidad ha sido proteico. En la Antigüedad fueron los grandes innovadores de la religión y la moral. En la Alta Edad Media europea eran todavía un pueblo avanzado que transmitía el conocimiento y la tecnología. Gradualmente fueron apartados de la vanguardia y se rezagaron, hasta que a fines del siglo XVIII se los vio como una retaguardia harapienta y oscurantista en la marcha de la humanidad civilizada. Pero entonces sobrevino una asombrosa y segunda explosión de capacidad creadora. Salieron de sus guetos, y de nuevo transformaron el pensamiento humano, esta vez en la esfera secular. Gran parte de la dotación mental del mundo moderno pertenece también a los judíos.
Los judíos no sólo fueron innovadores. También fueron ejemplos y paradigmas de la condición humana. Parecía que presentaban con claridad y sin ambages todos los dilemas inexorables del hombre. Fueron los "forasteros y viajeros" por antonomasia. Pero ¿no compartimos todos esa condición en este planeta, donde a cada uno se nos concede apenas una estancia de setenta años? Los judíos han sido el emblema de la humanidad desarraigada y vulnerable. Pero ¿acaso la tierra entera es algo más que un lugar de tránsito provisional? Los judíos han sido fieros idealistas que buscaron la perfección, y al mismo tiempo hombres y mujeres frágiles que ansiaban la abundancia y la seguridad. Querían obedecer la ley imposible de Dios, y también buscaban conservar la vida. Ahí está el dilema de las comunidades judías de la Antigüedad, que trataban de combinar la excelencia moral de una teocracia con las exigencias prácticas de un estado capaz de defenderse. El dilema se ha repetido en nuestro propio tiempo en la forma de Israel, fundado para realizar un ideal humanitario, y que ha descubierto en la práctica que necesita mostrarse implacable si quiere sobrevivir en el mundo hostil. Pero ¿acaso éste no es un problema recurrente que afecta a todas las sociedades humanas? Todos queremos construir Jerusalén. Parece que el papel de los judíos es concentrar y dramatizar estas experiencias comunes de la humanidad, y convertir su destino particular en una moral universal. Pero si los judíos asumen este papel, ¿quién se los asignó?
Los historiadores deben evitar la búsqueda de esquemas providenciales en los hechos. Es demasiado fácil encontrarlos, pues somos creaturas crédulas, nacidas para creer y dotadas de una imaginación poderosa que fácilmente reúne y organiza los datos para adaptarlos a un plan trascendente cualquiera. Sin embargo, el escepticismo excesivo puede originar una deformación tan grave como la credulidad. El historiador debe tener en cuenta todas las formas de la prueba, incluso las que son o parecen ser metafísicas. Si los primitivos judíos fueran capaces de analizar, con nosotros, la historia de su progenie, no hallarían en ella nada sorprendente. Siempre supieron que la sociedad judía estaba destinada a ser el proyecto piloto de toda la raza humana. A ellos les parecía muy natural que los dilemas, los dramas y las catástrofes judíos fueran ejemplares, de proporciones exageradas. En el curso de los milenios, que los judíos provocasen un odio sin igual, incluso inexplicable, era lamentable pero de esperar. Sobre todo, que los judíos sobreviviesen, cuando todos los restantes pueblos antiguos se habían transformado o desaparecido en los entresijos de la historia, era completamente previsible. ¿Cómo podía ser de otro modo? La providencia lo decretaba, y los judíos obedecían. El historiador puede decir: no hay nada a lo que pueda denominarse providencia. Quizá no. Pero la confianza humana en esa dinámica histórica, si es intensa y lo bastante tenaz, constituye en sí misma una fuerza que presiona sobre el curso de los hechos y los impulsa. Los judíos han creído que eran un pueblo especial, y lo han creído con tanta unanimidad y tal pasión, y durante un periodo tan prolongado, que han llegado a ser precisamente eso. En efecto, han tenido un papel porque lo crearon para ellos mismos. Quizá ahí está la clave de su historia.
jueves, marzo 12, 2009
sábado, marzo 07, 2009
¡¡¡ME HAN ROBADO!!! (mi Padrenuestro del anarquista) ---wg
Desde 2001 publiqué Padrenuestro del anarquista. Fue en Cosa nostra, Club de anarcotraficantes, mi otra page.
Y ahora me encuentro conque unos tipos de una revistucha llamada "Tierra y Libertad" han cogido mi Padrenuestro, han distorsionado un párrafo (sólo un párrafo), y lo demás lo publican como si fuera suyo... los muy ratas. No citan la fuente. La noticia en el foro de A las Barricadas bajo el nombre "Un padrenuestro ¡diferente!".
Lo bueno es que ya publican cosas escritas por anarcocapitalistas... jojojo
Y ahora me encuentro conque unos tipos de una revistucha llamada "Tierra y Libertad" han cogido mi Padrenuestro, han distorsionado un párrafo (sólo un párrafo), y lo demás lo publican como si fuera suyo... los muy ratas. No citan la fuente. La noticia en el foro de A las Barricadas bajo el nombre "Un padrenuestro ¡diferente!".
Lo bueno es que ya publican cosas escritas por anarcocapitalistas... jojojo
viernes, febrero 27, 2009
Un neologismo: Anarquicismo
Charles Sanders Pierce inventó la palabra pragmatismo alrededor de 1870. En su visión, el pragmatismo era una teoría del significado (no una teoría de la verdad), y llegó a ser una idea interesante en filosofía de la ciencia. Años más tarde, William James empleó la misma palabra, pragmatismo, para referirse a su propia filosofía. Pero en el caso de James el pragmatismo era ya una teoría de la verdad, y él llevó su teoría tan lejos, que comenzó a admitir que ciertas proposiciones teológicas o metafísicas podrían ser llamadas "verdaderas" con todo rigor (siempre que cumplieran ciertas condiciones). A raíz de esto el pragmatismo fue objeto de muchas mofas (injustas, a mi parecer), en especial de parte de Bertand Russell, y comenzó a desprestigiarse en los círculos filosóficos y científicos. Eso molestó mucho a Pierce, quien hizo lo posible por desvincularse de William James. Para ello inventó una nueva palabra, pragmaticismo. Cuando le preguntaron porqué había elegido una palabra tan fea, Peirce respondió:
---Es tan fea, que nadie querrá volver a robármela.
Pues bien, acá, entre anarcos, las cosas están más o menos como sigue: Los inventores de la palabra anarquismo fueron los anarquistas individualistas (Proudhon, o quizá algún otro antes que él). Para ellos, el anarquismo era la filosofía de la libertad individual. No obstante, muy poco despues, los anarquistas socialistas se apoderaron de la palabra y llegaron a decir que "anarquismo" era sinónimo de "socialismo libertario" (y que la libertad individual, si bien sería siempre muy respetada, de alguna manera pasaba a segundo término, siendo lo primero y lo principal la libertad colectiva o comunitaria). Como los socialistas libertarios siempre fueron muchos más que los individualistas, la palabra anarquismo se transformó, como dije, en sinónima de socialismo libertario.
Lo curioso, sin embargo, es que los socialistas acusan a los anarquistas individualistas modernos, los anarcocapitalistas, de quererse robar la palabra (como si ellos no la hubieran tomado prestada de Proudhon y luego se olvidaron de devolverla). Por ello, para acabar con el pleito y evitar esta (bastante injusta) acusación, propongo a los ancaps que en adelante utilicemos un neologismo:
La palabra es tan fea, creo yo, que así nadie querrá volver a robárnosla.
---Es tan fea, que nadie querrá volver a robármela.
Pues bien, acá, entre anarcos, las cosas están más o menos como sigue: Los inventores de la palabra anarquismo fueron los anarquistas individualistas (Proudhon, o quizá algún otro antes que él). Para ellos, el anarquismo era la filosofía de la libertad individual. No obstante, muy poco despues, los anarquistas socialistas se apoderaron de la palabra y llegaron a decir que "anarquismo" era sinónimo de "socialismo libertario" (y que la libertad individual, si bien sería siempre muy respetada, de alguna manera pasaba a segundo término, siendo lo primero y lo principal la libertad colectiva o comunitaria). Como los socialistas libertarios siempre fueron muchos más que los individualistas, la palabra anarquismo se transformó, como dije, en sinónima de socialismo libertario.
Lo curioso, sin embargo, es que los socialistas acusan a los anarquistas individualistas modernos, los anarcocapitalistas, de quererse robar la palabra (como si ellos no la hubieran tomado prestada de Proudhon y luego se olvidaron de devolverla). Por ello, para acabar con el pleito y evitar esta (bastante injusta) acusación, propongo a los ancaps que en adelante utilicemos un neologismo:
anarquicismo,
y que en adelante, cuando nos pregunten qué somos, digamos
anarquicistas.
La palabra es tan fea, creo yo, que así nadie querrá volver a robárnosla.
miércoles, febrero 04, 2009
Bueno... mmm... ¿y por qué no? ---wg
¿Qué tal si invocamos a Proudhon, a Tucker, a Warren, a Bellegarrigue, a Spooner, a Thoreau y a Voltairine, y les preguntamos qué opinan del anarcocapitalismo? Saldríamos de dudas de una vez por todas, ¿no?

(De hecho, ya estoy en pláticas con mi suegra, que conoce gente importante en los círculos kardekianos...)
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